martes, 5 de abril de 2011

Otra tarde con Noe

Era la intención de este fotógrafo aficionado, voluntario de la Oficina de Acción Solidaria y Cooperación de la UAM, el acompañar a Noelia, cuyas aventuras ya han quedado recogidas en el blog, en un nuevo recorrido, más breve esta vez, que le permitiera registrar un cambio ocurrido desde la publicación de sus primeras fotografías. El cambio de las viejas rejillas en la avenida de Tomás y Valiente, un riesgo señalado en “Una tarde con Noe”, así lo merecía. A la fotografía en cuestión se añadieron, sin embargo, tres más, que no esperaba y que tuvo que tomar, llevado por el deseo de producir con ellas nuevos cambios necesarios.

Foto 1 


La Universidad accedió (después de que Noe tropezase, eso sí) a la petición de cambio de las viejas rejillas de la avenida de Tomás y Valiente. El repuesto, como puede apreciarse en la fotografía, es de lo más conveniente y lo agradecemos.















Foto 2

Esta vieja alcantarilla, en el paso de cebra de la calle Adam Smith, cerca de la unión con la calle Freud, se ha convertido en una molestia. Noelia la usa como referencia al cruzar; el desnivel le exige cuidado; sin embargo ella no siempre puede tenerlo, porque los coches le causan una gran inquietud y esto le obliga a cruzar deprisa, por lo que se expone a una caída.













Foto 3

El campus ofrece, a todo aquel que esté atento, visiones como esta, de riesgos para cualquiera, y particularmente para personas como Noelia. Esta abertura en la calle de Adam Smith puede causar más de un disgusto. Aunque no se encuentra directamente en el camino de Noelia, no podemos dejar de preguntarnos si no se podría cambiar la cubierta.








Foto 4

En nuestro breve recorrido encontramos un coche aparcado en la acera, cerca de la residencia “Erasmo”. Tienen que saber los conductores que en el campus se premian este tipo de gestas con una pegatina grande en el parabrisas, que por cierto se quita muy mal. Lo mismo se hace con aquellos que aparcan en los estacionamientos reservados para personas con discapacidad, lugares señalados con azul en el asfalto.







Este voluntario quiere mostrar su agradecimiento y admiración por su compañera estudiante, con quien coincide en confiar en que pueden darse nuevos cambios en la Universidad Autónoma.

jueves, 17 de febrero de 2011

Personas inmigrantes con Discapacidad en España






El 5 por ciento de la población inmigrante de España, unas 225.000 personas, tienen alguna discapacidad y en la cuarta parte de los casos se adquirió estando ya en el país.

Según el CERMI, los datos son representativos de los inmigrantes con discapacidad que acuden a entidades de atención social y que tienen una situación legal y certificado de discapacidad.

En cuanto al perfil de estas personas, dado que la mayor parte de los inmigrantes son varones jóvenes, existe un alto número de menores de 35 años con discapacidad, en muchos casos, adquirida por accidentes laborales.


"Se trata de grupos de jóvenes que llegan para mejorar su calidad de vida, pero al estar en contacto con actividades laborales arriesgadas y propensas a accidentes, son también los que más riesgo corren de adquirir una discapacidad tras la migración", explicó uno de los coordinadores del trabajo, Agustín Huete García.

Asimismo, el estudio destaca que el 31 por ciento de los inmigrantes con discapacidad tiene un contrato laboral indefinido, el 32 por ciento, uno temporal, y el 17 por ciento trabaja sin contrato alguno.


Los inmigrantes con discapacidad encuentran "una mejor atención especializada" en España que en sus países de origen. En este sentido, la mayoría de los que están en situación regular (74 por ciento) cuentan con certificado de reconocimiento de discapacidad, el 13 por ciento lo tiene en proceso de tramitación, y el 4,05 por ciento lo solicitó y le fue denegado.


Sin embargo, seis de cada diez no reciben una pensión por discapacidad, frente a un 30 por ciento que si la percibe, lo que se podría explicar, de acuerdo al estudio, porque "no cumplen los requisitos para la obtención de la autorización de residencia permanente".

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Una tarde con Noe

Foto 1


Noelia es una estudiante ciega que vive en la Residencia de estudiantes “Erasmo” del campus de la Universidad Autónoma.  Entre semana hace el trayecto a la Facultad de Filosofía y Letras, donde estudia primero de Traducción e Interpretación.  Dos compañeros de la universidad, voluntarios, la hemos acompañado en su camino, para ver con qué obstáculos se encuentra habitualmente.


Noelia usa al andar como referencia el bordillo de la acera, que sigue sirviéndose del bastón.  En la fotografía se observa un camino despejado por el que puede moverse con facilidad.  Sin embargo, es posible encontrar en el campus árboles y arbustos que superan las orillas del camino, y que ella no puede advertir hasta que la frenan.




Foto 2

En el camino que va de la Facultad de Filosofía y Letras a la Residencia “Erasmo” Noelia nos dice, entre divertida e irritada: “Vamos, sacadle  una foto a este”, al encontrar un primer obstáculo inesperado.  Un coche ocupa la mitad de la botonera, ese relieve distintivo de color rosa que a ella le dice que ahí tiene el paso de cebra.  Cerca, a tres o cuatro minutos andando, hay aparcamiento, por lo que resulta difícil entender la falta de sensibilidad del conductor.  Noelia puede rodear el coche, el obstáculo no es insalvable, con todo su camino se ve innecesariamente interrumpido -y no habría que olvidar, de paso, lo que supone para otras personas, por ejemplo en silla de ruedas, que necesitan ese espacio, donde la acera y la calle están al mismo nivel, para poder cruzar.


Foto 3


Siguiendo el camino no tardamos en encontrar dos nuevos obstáculos, que casi sería mejor llamar trampas.  Un agujero de este tipo, parece obvio, es un riesgo para cualquier persona.

Foto 4

En la foto, Noelia, junto a una compañera voluntaria, se encuentra sobre una botonera, que le indica la presencia de un cruce.  El bordillo ahí también está rebajado (esto es, la acera y  la calle están al mismo nivel)  Noelia ya sabe que estas son señales engañosas, de las que tiene guardarse, porque allí no hay ningún paso de cebra.

                                                                                                                                                        









Foto 5

Un poco más adelante, frente a la residencia “Erasmo”, encontramos el paso de cebra, que, caprichoso, parece haberse movido buscando un sitio más de su gusto.  Noelia no tiene manera de saber dónde se encuentra porque no tiene botonera -para ella, simplemente, el paso no existe.















Foto 6

Recorremos con Noelia la Facultad de Filosofía y Letras.  Noelia iniste en que señalemos que las escaleras de la Facultad, en el pasillo central, tienen botoneras.  Es de agradecer el esfuerzo que la Universidad realiza, en especial desde la Oficina de Acción Solidaria y Cooperación, para reformar aquellas instalaciones del campus que incapacitan a algunas personas.  En este caso, la botonera, como también el pasamanos central (aunque carezca de distintas alturas) y la silla mecánica instalada para salvar el obstáculo (pensada para personas con movilidad reducida), aumentan la accesibilidad del centro.  Naturalmente, aún queda mucho por hacer.








Foto 7

En la calle de Tomás y Valiente, de camino al Rectorado, Noelia se encuentra dos alcantarillas.  Para evitar traspiés inoportunos, mejor las alcantarillas de rejilla estrecha. 














Foto 8

En el camino de acceso a la Biblioteca de Humanidades, unas barandillas de diseño ofrecen poca protección al caminante ciego.  Noelia ya conoce el camino y llega a la Biblioteca sin desviarse.  Los voluntarios que le acompañamos, sin embargo, nos quedamos un poco perplejos, porque, aunque ella se mueve con seguridad, en ese tramo parece quedar expuesta.  






Foto 9

Noelia nos ha señalado, siempre con buen humor, los obstáculos más evidentes.  Sin embargo, es fácil darse cuenta de que el camino no está pensado para que ella se mueva con soltura.  Las referencias que toma para moverse, como una papelera, o un bolardo, con la excepción de las botoneras, no están puestas ahí para ella.  Cada esquina, cada giro, cada obstáculo, ha tenido que aprenderlos con trabajo.  Luego, y por si esto fuera poco, lo inesperado, un coche que aparca en la acera -¡qué paciencia tienes, Noe!  Para nosotros, los voluntarios que la acompañamos esta tarde, es un alivio saber que cuenta con ayuda -de la ONCE y de la misma Universidad Autónoma, desde su Oficina de Acción Solidaria y Cooperación.  Noelia se despide de nosotros con una sonrisa.