Foto 1

Noelia es una estudiante ciega que vive en la Residencia de estudiantes “Erasmo” del campus de la Universidad Autónoma. Entre semana hace el trayecto a la Facultad de Filosofía y Letras, donde estudia primero de Traducción e Interpretación. Dos compañeros de la universidad, voluntarios, la hemos acompañado en su camino, para ver con qué obstáculos se encuentra habitualmente.
Noelia usa al andar como referencia el bordillo de la acera, que sigue sirviéndose del bastón. En la fotografía se observa un camino despejado por el que puede moverse con facilidad. Sin embargo, es posible encontrar en el campus árboles y arbustos que superan las orillas del camino, y que ella no puede advertir hasta que la frenan.
Foto 2

En el camino que va de la Facultad de Filosofía y Letras a la Residencia “Erasmo” Noelia nos dice, entre divertida e irritada: “Vamos, sacadle una foto a este”, al encontrar un primer obstáculo inesperado. Un coche ocupa la mitad de la botonera, ese relieve distintivo de color rosa que a ella le dice que ahí tiene el paso de cebra. Cerca, a tres o cuatro minutos andando, hay aparcamiento, por lo que resulta difícil entender la falta de sensibilidad del conductor. Noelia puede rodear el coche, el obstáculo no es insalvable, con todo su camino se ve innecesariamente interrumpido -y no habría que olvidar, de paso, lo que supone para otras personas, por ejemplo en silla de ruedas, que necesitan ese espacio, donde la acera y la calle están al mismo nivel, para poder cruzar.
Foto 3
Siguiendo el camino no tardamos en encontrar dos nuevos obstáculos, que casi sería mejor llamar trampas. Un agujero de este tipo, parece obvio, es un riesgo para cualquier persona.
Foto 4
En la foto, Noelia, junto a una compañera voluntaria, se encuentra sobre una botonera, que le indica la presencia de un cruce. El bordillo ahí también está rebajado (esto es, la acera y la calle están al mismo nivel) Noelia ya sabe que estas son señales engañosas, de las que tiene guardarse, porque allí no hay ningún paso de cebra.
Foto 5
Un poco más adelante, frente a la residencia “Erasmo”, encontramos el paso de cebra, que, caprichoso, parece haberse movido buscando un sitio más de su gusto. Noelia no tiene manera de saber dónde se encuentra porque no tiene botonera -para ella, simplemente, el paso no existe.
Foto 6
Recorremos con Noelia la Facultad de Filosofía y Letras. Noelia iniste en que señalemos que las escaleras de la Facultad, en el pasillo central, tienen botoneras. Es de agradecer el esfuerzo que la Universidad realiza, en especial desde la Oficina de Acción Solidaria y Cooperación, para reformar aquellas instalaciones del campus que incapacitan a algunas personas. En este caso, la botonera, como también el pasamanos central (aunque carezca de distintas alturas) y la silla mecánica instalada para salvar el obstáculo (pensada para personas con movilidad reducida), aumentan la accesibilidad del centro. Naturalmente, aún queda mucho por hacer.
Foto 7
En la calle de Tomás y Valiente, de camino al Rectorado, Noelia se encuentra dos alcantarillas. Para evitar traspiés inoportunos, mejor las alcantarillas de rejilla estrecha.
Foto 8
En el camino de acceso a la Biblioteca de Humanidades, unas barandillas de diseño ofrecen poca protección al caminante ciego. Noelia ya conoce el camino y llega a la Biblioteca sin desviarse. Los voluntarios que le acompañamos, sin embargo, nos quedamos un poco perplejos, porque, aunque ella se mueve con seguridad, en ese tramo parece quedar expuesta.
Foto 9
Noelia nos ha señalado, siempre con buen humor, los obstáculos más evidentes. Sin embargo, es fácil darse cuenta de que el camino no está pensado para que ella se mueva con soltura. Las referencias que toma para moverse, como una papelera, o un bolardo, con la excepción de las botoneras, no están puestas ahí para ella. Cada esquina, cada giro, cada obstáculo, ha tenido que aprenderlos con trabajo. Luego, y por si esto fuera poco, lo inesperado, un coche que aparca en la acera -¡qué paciencia tienes, Noe! Para nosotros, los voluntarios que la acompañamos esta tarde, es un alivio saber que cuenta con ayuda -de la ONCE y de la misma Universidad Autónoma, desde su Oficina de Acción Solidaria y Cooperación. Noelia se despide de nosotros con una sonrisa.